El aquelarre o sabbat es la forma genérica de denominar a la agrupación o reunión de brujas y brujos para la realización de rituales y hechizos, bien como creencia religiosa precristiana o neopagana, o bien aceptado en escritos cristianos como actos de invocación y adoración a Lucifer. Este término tiene su origen en la palabra vasca «akelarre» que significa campo o tierra de cultivo. También se emplea ampliamente en las obras de ficción y fantasía para definir a los clanes o grupos brujescos que se juntan para efectuar ceremonias mágicas y encantamientos, tanto benévolos como maléficos
Tanto el diccionario de Espasa como el de Santillana, así como la enciclopedia Larousse, definen la palabra simplemente como una congregación de brujas y brujos,[7][8][9] mientras que el Diccionario de la lengua española acepta únicamente el término como reunión nocturna de brujas y brujos presidida por Satanás que generalmente se presenta en forma de macho cabrío,[10] acepción coincidente con la veneración diabólica aportada desde el cristianismo.[6] Si bien miles de personas fueron ajusticiadas bajo la acusación de haber participado en estos encuentros luciferinos, solo han llegado hasta nosotros las actas acusatorias; no han sobrevivido pruebas de que estas reuniones realmente se hayan realizado. No obstante, y de seguir con la teoría que insiste en la veracidad de este tipo de sabbats o aquelarres, su época de apogeo parece haber tenido lugar entre fines de la Edad Media hasta el siglo XVIII.
A partir del siglo XIX, muchas brujas, médiums y sacerdotisas emplearon la palabra coven, para organizar sus encuentros en vez de aquelarre. Se suponía que la palabra coven era una palabra mágica que potenciaba las reuniones y protegía a sus miembros. Según grimorios de la época, esta palabra fue dada a las brujas por un ser mágico que se comunicaba con Sarah Stewart Watson. Luego, estos textos y libros de alta magia pasarían a manos de Gerald Gardner, quien fundaría la wicca en el siglo XX. Fueron seguidores de Gardner quienes volvieron a utilizarla, sacándola del olvido para exponerla como palabra clave de la wicca moderna
Soy la advenediza
la que llegó al banquete
cuando los invitados comían los postres
Se preguntaron
quién osaba interrumpirlos
de dónde era
cómo me atrevía a emplear su lengua
Si era hombre o mujer
qué atributos poseía
se preguntaron por mi estirpe
"Vengo de un pasado ignoto –dije–
de un futuro lejano todavía
Pero en mis profecías hay verdad
Elocuencia en mis palabras
¿Iba a ser la elocuencia
atributo de los hombres?
Hablo la lengua de los conquistadores,
es verdad,
aunque digo lo opuesto de lo que ellos dicen."
Soy la advenediza
la perturbadora
la desordenadora de los sexos
la transgresora
Hablo la lengua de los conquistadores
pero digo lo opuesto de lo que ellos dicen.
Cristina Peri Rossi
Acabo de tirarlo, 35 minutos bajo la tormenta esperando un maldito taxi han podido con el. Pero como se ha portado. Esa es la diferencia: los taxis son como ciertos amigos, nuca están cuando mas los necesitas. Los paraguas en cambio mueren por ti
Los toros son grandiosos como la superficie del sol, y aun que los matan para las rancias multitudes, es el toro quien atiza el fuego, aun que hay toros cobardes tanto toreros como hombres cobarde, generalmente el toro se mantiene puro y muere inmaculado sin ser tocado por símbolos y elites o falsos amores, y cuando lo sacan arrastrando nada ha muerto y el hedor al final es el mundo.
Él sueña que vuelve a estar en ese lugar extraño pero familiar a la vez, un valle solitario con un inmenso castillo que se escondía entre las nubes, y extraños seres con alas que volaban de aquí para allá, escuchaba esa grave voz que lo seguía atormentando desde hace tanto tiempo, escuchaba los estruendos de los rayos acercarse a él, y la pesadez que sentía en el aire le recordaba que en aquel sitio no era bienvenido. En su desesperación empezó a correr, y empezaron a gritarle que era ilegítimo, que no pertenece aquí, que nunca debió haber nacido, aquel hombre iracundo se acercaba cada vez más, le dice que es un error que debe borrarse y que pronto pagará por todo lo que le ha hecho al mundo.
Él príncipe despertó gritando otra vez, desesperado por protegerse a sí mismo, se levantó de la cama y miró a a través de su ventana para asegurarse de estar en su hogar. Uno de los guardias escucho sus gritos, abrió la puerta de golpe y le dijo:
—Mi príncipe, ¿se encuentra bien?
—Si, todo bien por aquí, solo fue otra pesadilla con aquel tirano, solo eso.
—Ha pasado mucho tiempo, usted está a salvo aquí abajo, no tiene por qué temer, estoy seguro de que ya no debe acordarse de usted.
—Yo no estoy tan seguro—respondió Lucifer...
Ella era una mujer hermosa, tenía las curvas que todo hombre deseaba, un largo cabello negro y una sonrisa bastante atrayente, nunca fue una mujer habitual, se iba con los viernes al bar, pasaba los sábados con hombres distintos pero casi siempre en los mismos moteles viejos, dónde podía recordar la cama donde fue abusada. Luego de hacer terminar a cada uno de esos hombres se sentía un poco mejor con sigo misma, <>, solía repetirse en los escasos momentos de introspección dónde una pequeña parte de ella se arrepentía de aquel pasatiempo.
Los hombres nunca entendían el juego, pero ella si, una sola noche, inventar el nombre que quieras, y aunque la buscaran con deseos de asesinarla o de volver a tenerla, ella se las arreglaba muy bien para que nadie nunca volviera a saber de ella, había vivido entre tantas identidades y direcciones falsas que en ocasiones incluso a ella misma se le olvidaba su nombre de nacimiento. Ella se despedía mucho antes de que su víctima despertara, le dejaba la marca de un beso en la mejilla y la promesa de que está no sería la última vez (pero siempre lo era) y por supuesto, una nota perfumada en la cama con la frase: "Bienvenido al mundo del sida"