el revolucionario mozambiqueño-griego Dimitri Tsafendas

asesinó al arquitecto del apartheid, el primer ministro sudafricano Hendrik Verwoerd, apuñalándolo durante una sesión parlamentaria. Tsafendas estaba en ese momento trabajando en el edificio del Parlamento. A pesar de la valentía de su acto, los líderes antiapartheid y su propia familia se distanciaron de Tsafendas tras el asesinato. En su declaración a la policía fue claro sobre sus motivos y señaló que "creía que con la desaparición del primer ministro sudafricano se produciría un cambio de política... Estaba tan asqueado de la política racial que llevé a cabo mi plan de matar al primer ministro". Sin embargo, las autoridades decidieron alegar que estaba enfermo mentalmente para no admitir que su seguridad había sido vulnerada. Además, Tsafendas, bajo tortura y enfrentándose a la pena de muerte, acabó accediendo a declararse demente. Así que posteriormente fue declarado no culpable de asesinato por motivos de locura, y enviado a un hospital psiquiátrico de seguridad. Sobrevivió para ver el final del régimen del apartheid, pero trágicamente el nuevo gobierno del Congreso Nacional Africano no ordenó su liberación. Murió bajo custodia en 1999.

el tiempo 001

El tiempo En la práctica las cosas resultaron al revés y cada día disponemos de menos tiempo. Ernesto Sábato El tiempo… sincronizarlo, en cualquier aguja averiada economizarlo, en bolsas de papel, en algún material circular robarlo, de un banco o empresa de telefonía soñarlo, en la casa o en el trabajo (nunca en la calle por un posible accidente) hacerlo algo nuestro, someterlo, intentar hacer el imposible propio de cada generación, de todo ingenuo de la muerte. Julio César Plata Rueda

y yo a ti 001

Quería hablar con ella mucho más de lo que había querido hablar con ninguna otra persona en toda mi vida. Pero al intentarlo lo único que conseguí decir, con un débil balbuceo, fue: —Y yo a ti.

Aceituneros

Andaluces de Jaén, aceituneros altivos, decidme en el alma, ¿quién, quién levantó los olivos? No los levantó la nada, ni el dinero, ni el señor, sino la tierra callada, el trabajo y el sudor. Unidos al agua pura y a los planetas unidos, los tres dieron la hermosura de los troncos retorcidos. Levántate, olivo cano, dijeron al pie del viento. Y el olivo alzó una mano poderosa de cimiento. Andaluces de Jaén, aceituneros altivos, decidme en el alma ¿quién quién amamantó los olivos? Vuestra sangre, vuestra vida, no la del explotador que se enriqueció en la herida generosa del sudor. No la del terrateniente que os sepultó en la pobreza, que os pisoteó la frente, que os redujo la cabeza. Árboles que vuestro afán consagró al centro del día eran principio de un pan que sólo el otro comía. ¡Cuántos siglos de aceituna, los pies y las manos presos, sol a sol y luna a luna, pesan sobre vuestros huesos! Andaluces de Jaén, aceituneros altivos, pregunta mi alma: ¿de quién, de quién son estos olivos? Jaén, levántate brava sobre tus piedras lunares, no vayas a ser esclava con todos tus olivares. Dentro de la claridad del aceite y sus aromas, indican tu libertad la libertad de tus lomas. Miguel Hernández

No hay casualidades sino destinos SHT

"No hay casualidades sino destinos. No se encuentra sino lo que se busca, y se busca lo que en cierto modo está escondido en lo más profundo y oscuro de nuestro corazón. Porque si no, ¿cómo el encuentro con una misma persona no produce en dos seres los mismos resultados? ¿Por qué a uno el encuentro con un revolucionario lo lleva a la revolución y al otro lo deja indiferente? Razón por la cual parece como que uno termina por encontrarse al final con las personas que debe encontrar, quedando así la casualidad reducida a límites muy modestos. De modo que esos encuentros que en la vida de cada uno nos parecen asombrosos, no son otra cosa que la consecuencia de esas fuerzas desconocidas que nos aproximan a través de la multitud indiferente, como las limaduras de hierro se orientan a distancia hasta los polos de un poderoso imán; movimientos; movimientos que constituirían motivo de asombro para las limaduras si tuviesen alguna conciencia de sus actos sin alcanzar a tener, empero, un conocimiento pleno y total de la realidad. Así, marchamos un poco sonámbulos, hacia los seres que de algún modo son desde el comienzo nuestros destinatarios." Sobre héroes y tumbas,

NAY

Te vi venir y, aun sabiendo que arrasarías conmigo, no me aparte. Sigo sin saber si fue valentía o estupidez