Estoy aquí o no estoy
No sé si realmente la razón
Me ha dejado ya sin corazón
Creo que no, yo creo que no
Lo que quiero es un color
Que me pueda definir tu olor
Si no, yo no, yo no, yo no quiero
Si no, yo no, yo no, yo no quiero
Si no, yo no, yo no, yo no quiero
Si no, yo no, yo no, yo no quiero
Estando aquí no estoy
Estando aquí, no estoy, no estoy
Estando aquí no estoy
Estando aquí no estoy, no estoy
Se acarició la cara. Vio la sangre. Los ojos se le hicieron lunas llenas. Tenía la boca abierta. Yo seguía de pie, mirándola desde arriba.
"Con tu permiso me voy a casa, a tener un ataque al corazón" (Vincent Vega).
El telélefono me despertó. La choza estaba oscura como el alquitrán. Estiré la mano izquierda buscando a la enana.
Era fantástico, me veía a mi mismo gigantesco y poderoso como el mismo Dios. Mi ropa brillaba. Mis calzoncillos eran de seda, del color del arcoiris, me acariciaban la piel. Mis trajes eran de hilos de oro, salpicados de piedras preciosas. Los zapatos de deslumbrante plata, con las puntas afiladas como dagas. En la neblina del sueño veía el perfil de gigantescas estacas las caras maquilladas de las putas aparecían desquiciadas por el miedo. PIMP memorias de un chulo pag91.